lunes, 23 de septiembre de 2013

Carta abierta a Pablo Neruda



Sr. D. Ricardo Eliécer Neftalí. 
Donde quiera que se encuentre. 

Admirado Poeta. :

En primer lugar pedirte disculpas por dirigirme a ti por tu nombre de pila, pero es que yo también soy coleccionista, y, aunque colecciono seudónimos (además de otras cosas), también recopilo nombres propios de poetas y me gusta mostrarlos. 

Una vez aclarado por mi parte el motivo por el cual me he dirigido a ti por tu nombre de pila, paso a exponerte la razón de esta carta:

Hace algunos años conocí a un compatriota tuyo y me habló de ti, de tu poesía, de tu humanidad y de tus colecciones. Por aquel entonces yo coleccionaba ilusiones etéreas que a nadie mostraba por temor a no ser comprendido. De hecho es hoy la primera vez que saco a la luz algunas piezas de mi colección y lo hago para enviártelas, pues sé que no tendrás ningún problema para recibirlas.

Aparte de las colecciones arriba citadas también recolecto llantos, miradas, suspiros y besos y, es de estas últimas colecciones de la que quiero enviarte algunas esencias para conmemorar el cuarenta aniversario de tu partida. No quiero parecer grandilocuente pero creo que puedo presumir de una colección bastante completa, ya que comencé a coleccionarlas nada más abrir los ojos a este mundo y como en cualquier colección que se precie, todos sus componentes son únicos, lo que no es óbice para enviarte alguno de los más preciados.

He buscado en el crisol donde guardo los llantos y, aunque no lo creas, me ha costado mucho decidir cuál mandarte. Tras ardua meditación he decidido enviarte el primer llanto de mi hija, ¡ha estado tanto tiempo en mi alma¡ y, como otro jamás ocupará su lugar, cuando mire la oquedad que ha dejado, no tendré dificultad en recordarlo.

Del anaquel de los besos, el primero, ése que nunca se olvida, el que hace preguntarme dónde estarán aquellos labios que una vez me deleitaron.

Del almacén de los suspiros, te enviaré uno que casi te pertenece, me lo entregó una mujer mientras yo le recitaba versos de una canción desesperada.

Las mirada de mi colección no tienen lugar determinado en mi alma y revolotean por doquier; ahora asoma una a mi memoria que quizá sea de tu agrado, es de un octogenario mirando con ternura tu morada de Isla negra.

En la esperanza de que te llegue más pronto que tarde este envío, recibe un abrazo de este coleccionista de utopías.

Eladio Méndez.

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